El Absoluto no se manifiesta solo para ser reconocido.
Reconocer quiere decir advertir su presencia sin comprender su intención.
El Absoluto se manifiesta para transformar.
Transformar quiere decir hacer que el hombre llegue a ser más de lo que es.
Por eso, la obra no concluye en la acción.
Concluir quiere decir detener un proceso que aún continúa.
La obra culmina en la transformación del hombre en amor y sabiduría.
Amor quiere decir querer que el otro sea más de lo que es.
Sabiduría quiere decir ver más allá de uno mismo.
El Absoluto es amor.
Amor, en el Absoluto, quiere decir la voluntad de elevar al hombre hacia su plenitud.
Plenitud quiere decir riqueza espiritual.
Riqueza espiritual no es acumulación.
Acumular quiere decir retener para sí lo que no se comparte.
Riqueza espiritual es expansión.
Expandir quiere decir que el ser se ensancha al amar y comprender.
Las riquezas materiales pertenecen al mundo que gira sobre sí mismo.
Material quiere decir aquello que se agota en cuanto se posee.
El Absoluto no busca que el hombre sea rico en lo que perece.
Busca que sea rico en lo que permanece.
Permanecer quiere decir no depender del tiempo ni del cambio.
Por eso, la misión del hombre no es conservar lo que tiene,
sino convertirse en lo que aún no es.
Convertirse quiere decir dejar atrás la identidad que el pasado fijó.
El pasado no define al hombre que ha sido tocado por el Absoluto.
Definir quiere decir encerrar en un límite lo que está llamado a crecer.
La misión no es convencer al mundo.
Convencer quiere decir imponer una forma de ver.
La misión es irradiar.
Irradiar quiere decir que la transformación interior se vuelve visible sin ser explicada.
El hombre transformado no obliga.
Orienta.
Orientar quiere decir señalar una dirección sin exigir que sea seguida.
Así, la misión no es cambiar a los demás,
sino convertirse en una presencia que despierta.
Despertar quiere decir recordar al otro que también puede ser más de lo que es.
El Absoluto quiere que el hombre sea amor y sabiduría,
y que, al serlo, invite a otros a serlo también.
Invitar quiere decir abrir un camino sin empujar a nadie a recorrerlo.
La riqueza espiritual no es un premio.
Es una consecuencia.
Consecuencia quiere decir el fruto natural de vivir orientado hacia el Absoluto.
Y así, el hombre descubre que su misión no es poseer,
sino dar forma al amor que lo ha transformado.
Dar forma quiere decir encarnar en su vida lo que el Absoluto ha sembrado.
Porque quien se vuelve amor,
se vuelve también camino para los demás.