sábado, 2 de mayo de 2026

Filosofía: Manifestaciones del Absoluto

Breve Ensayo sobre el despertar de lo eterno en el hombre 

Utilizando el universo según su voluntad.

Utilizar quiere decir hacer uso de un sujeto u objeto de forma completamente obediente casi inerte. Universo, quiere decir todo lo que comprende materialmente.


Voluntad del absoluto, quiere decir los designios que tiene fijados para sus criaturas. Siempre haciendo el bien. Preservando la felicidad humana.


Manifestación quiere decir la forma en que lo invisible adopta figura, límite y duración. Absoluto quiere decir aquello que no depende de nada, pero del cual todo depende.


Definir quiere decir intentar fijar con palabras aquello que por naturaleza se escapa.
Pero el Absoluto no puede ser contenido sin ser traicionado.
Toda definición es apenas un borde, nunca el centro.


El hombre nombra al Absoluto, pero no lo alcanza.
Nombrar quiere decir rodear con signos lo que permanece fuera de ellos.


El mundo vive ensimismado.
Ensimismado quiere decir vuelto hacia sí, satisfecho con su propio ruido, incapaz de escuchar otra voz que no sea la suya.
Ruido quiere decir la suma de ocupaciones humanas que ocultan lo esencial.
Esencial quiere decir aquello que permanece cuando todo lo demás se desvanece.


El hombre habita su rutina como si fuera eterna.
Rutina quiere decir repetición sin conciencia.
Eterna quiere decir sin principio visible y sin final imaginado.


Pero cuando el absoluto decide manifestarse, la quietud se quiebra.
Manifestarse quiere decir irrumpir en lo ordinario con un hecho que no admite explicación humana.
Hecho fuera de lo común quiere decir aquello que no puede ser reducido a causa, azar o necesidad. Como una luz que no proviene de ninguna fuente conocida o por conocer.


Entonces el hombre se vuelve hacia el absoluto.
Volverse quiere decir abandonar por un instante su propio reflejo.
Reflejo quiere decir la imagen limitada que el hombre tiene de sí mismo.
Absoluto quiere decir aquello que no cambia, aunque todo cambie a su alrededor.


La primera manifestación del absoluto es la interrupción.
Interrupción quiere decir el corte súbito en el tejido de lo cotidiano.
Cotidiano quiere decir lo que el hombre da por sentado sin comprenderlo.


La segunda manifestación del absoluto es la señal.
Señal quiere decir un acontecimiento que apunta más allá de sí mismo.
Apuntar quiere decir dirigir la mirada hacia lo que trasciende.


No todo hombre reconoce la señal.
Reconocer quiere decir aceptar que lo visto exige un cambio.
Muchos prefieren negar.
Negar quiere decir proteger el ensimismamiento frente a lo que lo amenaza.


La tercera manifestación del absoluto es el llamado.
Llamado quiere decir la invitación a recordar que el hombre no es el centro.
Recordar quiere decir recuperar la relación con aquello que lo sostiene.


El llamado no siempre consuela.
Consuelo quiere decir aquello que no exige transformación.
El Absoluto, en cambio, hiere antes de ordenar.
Herir quiere decir romper la falsa quietud del hombre.


El bien del Absoluto no siempre coincide con el deseo inmediato del hombre.
Deseo quiere decir inclinación hacia lo fácil y cercano.
El bien, en cambio, puede presentarse como ruptura.


No todos responden al llamado.
Responder quiere decir asumir la pérdida de sí como centro.
Pero incluso en la negativa, el Absoluto permanece.


Y cuando el absoluto se manifiesta, aunque sea por un instante,
el hombre comprende que su ensimismamiento era apenas un sueño.
Sueño quiere decir vivir sin advertir la presencia de lo eterno.


Y aun así, el hombre puede volver a dormirse.
Dormirse quiere decir olvidar lo que ha sido visto.
Por eso, más que certeza, queda una espera.


Roguemos porque el Absoluto se manifieste en nuestra vida, porque lo extraordinario despierta lo eterno en uno.


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