El hombre se encuentra ante una bifurcación.
Bifurcación quiere decir la existencia simultánea de dos caminos que no pueden recorrerse a la vez.
Uno es permanecer.
Permanecer quiere decir continuar en la rutina aun después de haber visto.
El otro es responder.
Responder quiere decir aceptar que lo visto exige transformación.
Negar el llamado no elimina su presencia.
Negar quiere decir cerrar los ojos sin apagar la luz.
El hombre puede volver a su ruido.
Ruido quiere decir aquello que ocupa el lugar de lo esencial sin serlo.
Y en ese retorno, lo extraordinario se vuelve recuerdo.
Recuerdo quiere decir una huella que pierde fuerza con el tiempo.
Pero quien decide responder entra en otra dificultad.
Responder no es comprender.
Comprender quiere decir poseer con claridad aquello que se presenta.
El Absoluto no se deja poseer.
Entonces surge la pregunta.
¿Cómo se comunica el Absoluto con el hombre?
Comunicar quiere decir hacer común algo que no lo era.
Pero el Absoluto no habla como el hombre.
Hablar quiere decir ordenar signos para transmitir un contenido.
El Absoluto no transmite, dispone.
La primera forma de comunicación es la inquietud.
Inquietud quiere decir una ruptura interior que no permite permanecer como antes.
No explica, pero insiste.
La segunda forma es la repetición.
Repetición quiere decir el retorno de aquello que el hombre intenta ignorar.
Lo mismo aparece bajo distintas formas hasta ser atendido.
La tercera forma es el despojo.
Despojo quiere decir la pérdida de aquello que sostenía la falsa seguridad del hombre.
Lo que se pierde revela lo que no era esencial.
Sin embargo, ninguna de estas formas garantiza certeza.
Certeza quiere decir la imposibilidad de dudar.
El hombre puede confundir su deseo con el llamado.
Deseo quiere decir la voz que busca confirmarse a sí misma.
Por eso, seguir la voluntad del Absoluto no es ejecutar una orden.
Seguir quiere decir avanzar sin poseer del todo el camino.
Voluntad quiere decir aquello que orienta sin imponerse como evidencia.
El hombre que responde aprende a escuchar.
Escuchar quiere decir disponerse a lo que no se controla.
Y en esa disposición, descubre que la comunicación no era externa.
Era una transformación de su propia mirada.
Pero incluso entonces, el riesgo permanece.
Riesgo quiere decir la posibilidad constante de errar.
El hombre no deja de elegir.
Así, vivir según el Absoluto no es alcanzar una certeza final.
Es habitar una tensión.
Tensión quiere decir permanecer entre lo que se ha visto y lo que aún no se comprende.
Y en esa tensión, el hombre deja de ser el centro.
Y comienza, apenas, a responder.
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