Me imagino sentado en el último asiento de una clase, tratando de pasar desapercibido porque no estudié nada, porque no entiendo y porque no me interesa la clase. La profesora hace una pregunta al alumnado y, en un abrir y cerrar de ojos, me señala y me dice, vos, Maximiliano Mozetic, respondeme ¿porqué el caballo blanco de San Martín era blanco?. El párrafo anterior fue una manera de introducir el tema de las injurias y las obsesiones. Es importante no tragarse la bronca cuando alguien nos dice una injuria, por eso, para no quedarse pensando y masticando la bronca, conviene decir en voz alta una contestación, aunque el esquema expresado sea contradictorio. De la misma forma, aquellos pensamientos que nos molestan, producto de diálogos en el pasado con personas que nos injuriaron, deben tener una respuesta. Y esta se hace sacándola de la mente, por medio de la expresión, aunque sea al aire y solos. Pensemos además, que no estamos solos, las vecinas, los transeúntes, las que ob...